PREGÓN 2015
 

Joyas de sencillez engarzadas en un delicado anillo de tradiciones locales

 
Viernes 4 de septiembre de 2015 0 comentarios
 

Asumirás la voz de un pueblo y será la voz de tu pueblo y serás para siempre pueblo. Y dirás la palabra justa, la dirás en el momento justo. No dirás tu palabra con voluntad de antología. La dirás honestamente, llanamente, sin pensar en ninguna posteridad, salvo que ésta sea la continuidad de tu pueblo”. Con estas palabras del poeta Vicent Andrés Estellés, Marián Sempre Clement dio inicio a un Pregón 2015 cargado de recuerdos y emoción, pero también de crítica constructiva y visión de futuro.
Para ello necesitó algo más de los “diez o quince minutos” anunciados, pero todos ellos estuvieron cargados de una cosa: autenticidad. Algo que el público supo agradecer con certeros aplausos y reverente atención. Sempere usó palabras sencillas, huyendo del valenciano academicista, cargado de ‘febles’ imposibles y subjuntivos indescifrables.
Una valenciano “del carrer”, donde la única concesión al orientalismo fueron algunos “sevas”, para la gente de la calle. Para los santapoleros y santapoleras que, como ella, jugaron hasta la extenuación en esas calles de tierra apisonada, siendo únicamente interrumpidos por las voces maternas que llamaban a comer y a la sempiterna y sagrada siesta, negrera impositora del silencio hasta, por lo menos, las seis de la tarde.

Palabras propias y ajenas
Mentó, obviamente, la transmisión del amor hacia la Virgen de Loreto; de la familia y los amigos; de la Fiesta y la necesaria recuperación de la cultura; del hecho de saber qué Fiestas deseamos y qué debemos hacer para conseguirlas. Todo ello, jalonado con citas literarias, entre ellas las de su autora favorita, Agatha Christie.
Pero las palabras que utilizó no eran sólo de ella, sino de todos aquellos que le han dado su apoyo a lo largo de los años. “Por lo tanto, serán más vuestras que mías”. Desde que se hiciera público su nombramiento como pregonera, hay tres cosas que no ha parado de escuchar: “¡¡Pregoneraaaaaa!! ‘lo mereces’”. Al mismo tiempo, le seguían una retahíla de sugerencias e ideas que añadir “por lo tanto será un pregón colectivo, fruto de muchas voces”.
Como persona acostumbrada a contar historias, tenía muy claro la importancia del escuchante, “por lo que todos vosotros tenéis un gran protagonismo y responsabilidad esta noche”. Toda vez comprometido al público en el acto, reconoció que, a la hora de arrancar a escribir, le azotaba una tormenta de recuerdos y sentimientos, el primero de ellos, el terror. Aquí mentó a Hemingway, que tildaba la hoja en blanco de “la cosa más espantosa”.
Alegría y satisfacción también los experimentó, “pero más que por mí, por mis segundos padres, Ramona y Poldo”, así como los ausentes. Insomnio y nervios, con la consiguiente pérdida de peso, “pero eso se agradece”. Por último, miedo, “miedo de no poder cumplir con las expectativas”. Pero toda esa madeja de sentimientos quedaron a un lado cuando sus familiares, amigos y vecinos se dirigían a ella mostrándole su apoyo incondicional. “Eso, no tiene precio”.

Preguntas y respuestas
Preguntó Marián por qué se celebran las fiestas la primera semana de septiembre, a lo que dio una fácil respuesta: porque es la forma de decir que se ha acabado el verano. “Da igual el tiempo que haga, porque sabemos que, en cuanto la bomba se tira el día 8, ya hay que ponerse la rebeca”. En septiembre se retorna al trabajo, a la escuela, a la monotonía invernal, “por eso tenemos que aprovechar estos días al máximo” e invitó a que cada uno escogiese sus preferidos, “que no serán todos”, pero la presencia en los mismos nos hace miembros de una comunidad.
Se continua sorprendiendo de la presencia perenne de los marineros en septiembre, una auténtica necesidad para ellos que espera no se haya perdido, necesidad que hay que sublimarla para poder vivir al máximo y recordar a aquellos que no pueden estar en Fiestas con nosotros por diversos motivos. “Para mí, estos días son como una pequeña Navidad, sólo que con camiseta y pantalón corto”.

Perlas de sencillez
Si Xavi Mas en su introducción hablaba de las perlas de la villa marinera, Sempere quiso alabar la extremada y refinada sencillez de su gastronomía, preguntando al público cuál era el guiso que nos definía: “el caldero”, contestaron todo, “que pasó de los barcos de los marineros a las mesas de los restaurantes” de más alcurnia.
Por ese mismo motivo animó a mantener y crear unas fiestas “de nosotros y para nosotros, que nos hagan sentirnos orgullosos de ellas… si después resulta que son un atractivo para la gente de fuera… muy bien, pero no podemos plantearlas a la inversa”. Todo esto pese a que no se es más ese pueblo de calles de tierra, “pero también es Gran Alacant y todas aquellas personas que han venido a vivir aquí. La Santa Pola del siglo XXI ha de ser el resultado de las personas que éramos y que somos”. Porque, ya bien sea por equis motivos, ha habido actos y tradiciones “que no hemos querido, podido o sabido conservar”.

En el centro, la Patrona
Lo que sí estaba claro para ella es que, en el centro de todo, se encuentra la Mare de Déu de Loreto, la Patrona, la alcaldesa honorífica… la Virgen de Loreto. Mentó sus tradicionales actos, algunos con constancia de siglo y medio de existencia. Algunos, apuestan por los desfiles y actos festeros, otros por las mascletás y los fuegos, por la música (como su padre, a quien siempre le parecía que había poca), la vaca…
Pero, en un emocionante momento, señaló a su madre y el día 8, donde comenzaba bien temprano, arreglada, engalanada y de peluquería a la Misa “y por la tarde a la procesión, descalza, en la fila, por el recorrido de siempre. Dando gracias de manera discreta”.

La fiesta por la fiesta
También lanzó su memoria a la calle, a su calle, a la Calle Soledad, “donde en fiestas, especialmente en las plantas bajas, uno tenía la sensación de pertenencia”. Las charlas para dirimir la decoración; las banderolas que, sacudidas por el viento, mecían esas siestas insomnes o la mera convivencia con los vecinos, aquello por lo que hay que apostar, luchar, recuperar.
Finalmente, esperó haber plasmado en su Pregón el cariño y el afecto que sentía por Santa Pola y con las palabras de Blasco Ibáñez, recogidas en su libro “Arroz y Tartana” un momento de fiesta que le sirvió de inspiración. Así, exhortando a cerrar los ojos, declamó párrafos enteros jalonada por los aplausos y vivas de un público entregado.

 

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