Sandra Selva, fotógrafa, aunque se confiesa una mera aprendiz, ha querido reflejar parte de la realidad que se esconde detrás de cada caso de violencia de género. “quiero contar qué ocurre”, declara, “sobre todo hasta que llega el primer golpe y éste no aparece de un día para otro. La muestra refleja cómo la mujer va siendo domesticada y llega un punto en que ella contempla la situación como normal. Que la insulte, la degrade… y todo por culpa de entender el amor de una forma enfermiza, patológica, incluso”.
Las imágenes expuestas en el hall de la Casa de Cultura proyectan “cómo cada día el maltratador la merma y la va rompiendo. Cuando llega el momento del golpe, como ella no se lo espera, no sabe lo que ha ocurrido, pero antes hay toda una historia de domesticación”.
Esta situación, “que hasta un punto era esclavizante para ella lo ve normal. No ve que existe un sometimiento y que, para ella, la idea de libertad le resulta imposible. Puede pasarse así toda la vida. Pierde su identidad, se olvida de quién es, puesto que el maltratador destruye todo lo bonito que hay en ella, lo que le enamoró de ella, su risa, su belleza... destruye todo eso para que nadie se fije en la mujer que era y debería ser”. Ser inferior, celos patológicos, pérdida de identidad, todos estos complejos conceptos están reflejados en un trabajo que impacta por su colorido y el uso de texturas ampliamente conseguidas.
También hay un mensaje de esperanza que, a pesar de la realidad tan dolorosa y del miedo al que se tiene sometida a la mujer, “la posibilidad de escape existe”. De ahí el título de la exposición: “Entre el miedo y el vuelo tu voz”.
A nivel técnico la muestra se compone de 25 fotografías, las cuales cuentan una historia, un proceso y una esperanza. Para ello Selva ha contado con la colaboración de tres modelos, Estefanía Martínez , Julia Castelló y Sagrario Agulló, “y el chico que ha puesto las manos, Pascual Rodríguez Pardines”.









