Jesús lleva su cruz a cuestas camino del Calvario. La Santa Mujer Verónica le sale al paso para secarle el sudor que emana de su cara, por el peso de la cruz a su espalda. Este episodio bíblico se escenificó la noche de ayer ante una plaza de la Glorieta que estaba completamente abarrotada. El encuentro entre Nuestro Padre Jesús Nazareno y la Santa Mujer Verónica, frente a la puerta del Castillo, es uno de los más seguidos de toda la Semana Santa.
Alrededor de cincuenta mujeres portaban el trono de la Verónica, luciendo su tradicional indumentaria en oro y blanco. Algunas de ellas, descalzas, realizaban el recorrido con un rostro impasible. Por su parte, los costaleros del Nazareno levantaban auténtica expectación con su especial zancada, que simula el tropiezo, la caída.
Los recios tambores de ambas cofradías imprimían a la noche un tono solemne, que arrobaba los corazones, provocando introspección, reflexión y emoción contenida. Una emoción que culminó cuando ambos pasos se encontraron y fueron subidos al cielo.
Por desgracia, el Encuentro finalizó con un minuto de silencio por las víctimas del sangriento ataque terrorista de Bruselas.
Domingo de Ramos
Miles de personas se dieron cita en la Glorieta para participar de uno de los actos más entrañable de toda la Semana Santa, la Procesión de las Palmas, el Domingo de Ramos. Un acto donde los niños fueron los claros protagonistas y en el que José Navarro, cura párroco de la localidad, invitó a participar con devoción, fe y entrega, “puesto que estamos en la semana más importante del año para la fe”.
Raíces, tradiciones, “todo lo que nos une como mujeres y hombres”, simbolizan estos días tan cargados de significado. Sociedad que ama la vida y que ha de ser consciente de que “Jesús entró montado en un borrico en Jerusalén para salvarnos a todos”. A lo largo de la historia el hombre ha podido encontrar el sentido a su existencia “teniendo como referencia la vida de Jesús de Nazaret, que por nosotros vivió la Pasión, Muerte y Resurrección.
Pidió a todos los asistentes que tomasen “como fondo y referencia” la sociedad en que vivimos, “un mundo que está sufriendo en sus propias carnes, la pasión y la muerte. Todo aquello que angustia la dignidad del ser humano”. Añadió que “la vida es hermosa, pues es un regalo”.
Con estas palabras convidaba a conmemorar la entrada de Jesús en Jerusalén. Posteriormente, Oscar Baile Ubassy leyó un texto en el que declaraba que, al igual que hace más de 2.000 años en Jerusalén, “nosotros también lo aclamamos con alegría. Porque queremos seguirle y porque estamos convencidos que Pasión, Muerte y Resurrección nos abre las puertas de la vida”.
Seguidamente, Navarro afirmó que “la procesión del Domingo de Ramos es la única que está recogida en el Evangelio. Los cuatro evangelistas se hacen eco de este momento”. Así, antes de arrancar el peregrinar en romería, precedidos por la banda de Cornetas y Tambores del Jesús Triunfante leyó el texto de Lucas, en el que menciona el encuentro del borrico y la aclamación de un pueblo “que alfombraba el camino con sus mantos y, cuando se acercaba la bajada del Monte de los Olivos, la masa de los discípulos se puso a alabar a Cristo, diciendo: Bendito el que viene como Rey en nombre del Señor. Paz en el cielo y Gloria en lo Alto”.









