Cualquiera que tenga el valor de entrar en las redes sociales o, simplemente, aguzar el oído, escuchará que suenan las sirenas. Mucho más que en invierno, exponencialmente más. Con el objetivo de ahorrar a la ciudadanía innecesarias especulaciones y algún síndrome del túnel carpiano por estar junto al teclado, hemos preguntado a la Policía Local si se han incrementado notable y exponencialmente las atenciones. Y, de paso, por qué suenan tanto las sirenas.
Muchas son las actuaciones que se llevan a cabo a lo largo del día y hay que tener claro que “en el trabajo de emergencias no hay un cribado inicial, como en el hospital que categorizan las urgencias. Nosotros, a lo que entra, le damos prioridad absoluta”. Es cuando se llega al lugar de los hechos cuando se puede tener una idea clara del alcance y la repercusión de la situación, así como qué medidas tomar de forma inmediata.
Ponían el ejemplo de una señora que, viendo discutir y pelearse a sus hijos fuertemente, llama a la Policía Local diciendo que “se están matando”. Cuando llegan al domicilio los agentes comprueban “que la señora ha llamado en un grave estado de nervios, porque se veía incapaz de controlar la situación”. Lo que no se puede hacer, de ningún modo, “es especular y jugársela, siempre ajustamos nuestra respuesta a la necesidad, activando los servicios que sean necesarios”
Más seguros con la sirena
La ciudadanía tiene inquietud y, en algunos casos, acostumbrada a una población tranquila durante diez meses al año, puede llegar a sentir una cierta inseguridad. Más cuando suenan las sirenas. Pero el sonido de éstas obedece nos sólo a la necesidad de una respuesta rápida, “también de una respuesta segura para conductores y viandantes, puesto que se nos ve y se nos escucha desde lejos”. Por otro lado, la geografía de Santa Pola es extensiva y lineal, por lo que, y más en estas fechas, acudir a una urgencia cuando se está en la otra punta del muncipio se hace más complejo, por lo que se necesita esa rapidez.
Santa Pola ha multiplicado por varios enteros su población (el fin de semana pasado se calcula que hubo 200.000 personas en la villa), lo que incrementa la densidad de tráfico y con ésta los alcances o las colisiones, “añadiéndose los atropellos por invasión de la calzada por parte del peatón”. De ahí que haya muchos más requerimientos, tanto durante el día como durante la noche, pues el verano se presta a trasnochar. Un giro de 180º con respecto al invierno.
Preguntados sobre si se ha detectado un incremento de la inseguridad ciudadana, afirman desde la Policía Local que es “la variación proporcional a tener una población fija de algo más de 32.000 habitantes a más de 100.000 personas”.









