Por primera vez desde que se lleva homenajeando la memoria de Silvia Martínez, vilmente asesinada por ETA un 4 de agosto de hace doce años, se prescindió de los discursos políticos. Fue un acto íntimo, sencillo, familiar, rodeado de amigos, tal y como quería Toñi Santiago, madre de Silvia, quien no quiso contar con ningún tipo de representación institucional o política.
Un angel de flores y unos ramos depositados por el pueblo de Santa Pola dan testimonio de que la memoria y el recuerdo de un ser inocente está muy vivo en la memoria colectiva de un municipio como la villa marinera, cruelmente azotado por ETA.









