SUCESO
 

El cierre del Stella Maris esconde un océano de dudas

 
Viernes 20 de junio de 2014 0 comentarios
 

El pasado domingo, la Policía Local de Santa Pola precintaba, por orden del Ayuntamiento, el acceso al Hotel Stella Maris. Un cierre administrativo del que se venía barajando su posibilidad desde hace tiempo. María Dolores Gadea, edil de Urbanismo, explicó a este medio que este cierre se produce “al no presentar la empresa en tiempo y forma la documentación necesaria que acredite el ejercicio de la actividad”.
Gadea aseguró que el pasado miércoles tuvo lugar en el Ayuntamiento una visita de dos representantes de la que, se supone, es ahora la empresa que administra el Stella Maris, Vita Hoteliers. “Ellos aportaron un contrato de arrendamiento del hotel a nombre de una empresa llamada MS Turist Control, fechado en el año 1999”. Esta empresa, tal y como acreditaron a la edil los servicios jurídicos municipales, ha desaparecido.
“Además”, apuntaba Gadea, “Vita Hoteliers presenta unos documentos con firmas de hasta 27 representantes y documentos que, ninguno de ellos, tiene validez jurídica, según afirman los técnicos municipales”.
El Stella Maris era, hasta hace relativamente poco tiempo, responsabilidad de la cadena hotelera Kross Hotels SL. Anteriormente, pertenecía al grupo Summa, propiedad, como aclaran fuentes consultadas por este medio, de un empresario madrileño.

Un complejo entramado

En principio, el anterior propietario de Summa Group vendió, a comienzos de la crisis, el conglomerado de complejos y hoteles a Nortalia Center y Vintage Mundial. ”Concretamente, el 3 de agosto de 2011, en una notaría de Barcelona”, según indican diversas fuentes al Periódico. Detrás de estas empresas estarían reconocidos empresarios a nivel nacional, a través de distintos testaferros y sociedades.
La operación se avala, supuestamente, con un pago anual en cheques de entre cuatro y cinco millones de euros, “hasta un total de veinte millones. Compraban el activo, se quedaban con el pasivo y, aparte, pagaban veinte millones”. Esas son las dos empresas, las dos sociedades que compran todo el accionariado de la cadena Summa, aseguran las fuentes.
La información que poseen éstas es “que no han pagado los veinte millones escriturados. Concretamente, nada. Igualmente, se le debe muchísimo dinero a la Seguridad Social, a Hacienda y a un sinfín de proveedores. Éste, de por sí, ya se debía a la hora de la compra del pasivo, que no pagaron”. Confirman que existe “numerosísimo personal que no ha cobrado. Las deudas son millonarias. Los despidos que se han producido están en procesos judiciales, y tampoco han cobrado”.

Deudas por todos lados

Así las cosas, y toda vez producida la venta sobre el papel, Kross Hotels comienza a “gestionar” los distintos establecimientos vendidos a ambas sociedades mencionadas “salvo que Kross no paga a proveedores, empleados, etcétera”, citan las fuentes, “en resumen, que en un año y medio de gestión dejan un reguero de deudas”, apostillan.
Este extremo es confirmado por la edil de Urbanismo, quien constata que “se ha dejado una deuda a proveedores y no se ha pagado el importe de los contratos firmados. Al Ayuntamiento se le pidió tiempo y la oportunidad de levantar un negocio, como es el hotelero, tan necesario en Santa Pola. Pero no vamos a permitir que una empresa así tenga una licencia de actividad”. Recalcaba, además, que “no puede venir el primero que quiera y arrastrar el nombre de Santa Pola”.

Sin derechos

Trabajadores, proveedores y administraciones presionan a Kross, tanto que ésta termina desapareciendo. Ahí es cuando entra, según las fuentes a las que ha tenido acceso este medio, Vita Hoteliers, quien contrata a los mismos trabajadores, “suguiriéndoles a firmar una renuncia de su antigüedad. Los empleados, desesperados, sin trabajo, hipoteca, hijos, acceden a esta condición. Actualmente están trabajando, sin saber hasta cuándo. Los trabajadores mantienen el litigio contra Kross y sus integrantes”.
“Aquí lo que hay es una cuadrilla que no te puedes imaginar”, comentan indignadas otras fuentes consultadas. “Lo que pasa es que la venta se hizo en 2011 y todos funcionan a día de hoy. No interviene el Estado, la Seguridad Social, Hacienda, bancos… esto es un reguero de deudas tremendas y nadie paga nada, sólo lo preciso de la luz, el agua y el teléfono. El año pasado, Kross Hotels facturó muchísimo dinero, el anterior también, y no se pagó nada”.

Contactos infructuosos

Este medio de comunicación ha intentado ponerse en contacto en repetidas ocasiones y por distintos medios con la compañía Kross Hotels, del mismo modo que con Vita Hoteliers, del que sólo aparece un número 902. A cierre de esta edición, ha sido completamente imposible comunicar con ellos para poder tener un versión de lo sucedido por parte de le empresa que explota el Stella Maris.
Otras fuentes confirmaron por vía telefónica a la redacción que Vita Hoteliers ha cerrado el Stella Maris “con el objetivo de realizar unas obras y poder atender correctamente todas las reseras que tienen para este verano. Por eso se ha optado por cerrar y derivar durante un mes las reservas a otros establecimientos”.
El Hotel Polamar, tal y como confirmó al Periódico Santa Pola su gerente, Damián Banegas, se está haciendo cargo de las reservas contratadas en el Stella Maris por varias agencias de viaje.

Sin interlocutor válido

La edil de Urbanismo, María Dolores Gadea, confirmaba que “de momento, no consideramos tener un interlocutor válido. Cuando éste se presente y cumpla con todos los compromisos, podremos hablar de un reinicio de la actividad. Por ahora, hasta que no se aporte toda la documentación necesaria y ésta sea contrastada por los servicios técnicos y jurídicos, no se levantará el precinto”. Finalmente, quería apuntar que “se han estado aprovechando de la situación y, sin embargo, hay acreedores que llevan mucho tiempo sin cobrar y proveedores que se sienten estafados, puesto que han perdido maquinaria, productos, etcétera”.
El Periódico Santa Pola ha querido contar para la realización de este reportaje con la experiencia, conocimiento y opinión de personas y compañías con décadas a sus espaldas en el sector turístico. Todas ellas vinieron a indicar que “no sólo es el nombre de Santa Pola, sino el de toda la marca España el que queda por los suelos”.

 

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