
Victoria, ya, victoria. El estandarte Moro invicto ondea. Huida está la tropa Cristiana, celebraremos por ello una gran fiesta”, recitó el conquistador de la plaza Manuel Gabino que, con estas palabras, dejó paso a la entrada de las filadas moras, donde brillaron especialmente los pequeños festeros que irán sobre las carrozas el día de mañana (literalmente), al menos hasta que tengan la edad de desfilar, la cual depende de la Comparsa en cuestión.

Ni tan siquiera pudieron esta vez los Cristianos, y ya van unas cuantas, con los Moros que entraron por la calle Elche (por donde ellos salieron con herido orgullo). El combate de arcabucería, acompañado de los preceptivos cañones por ambos bandos, se prolongó durante una hora. Previamente, los parlamentos de ambos embajadores embellecieron la tarde con una Toma del Castillo que, como lo vienen haciendo cada año, crece poco a poco.

Porque también la espectacularidad es cuestión de costes, no lo olvidemos. Solamente si hablamos de las armas de avantcarga, podemos llegar a cifras aproximadas de cien euros por festero, entre alquiler de arcabuz y pólvora. Cañones, es caso aparte. Finalmente, queda recordar al bando Moro que se ha perdido la batalla, no la guerra pues el reto quedó escrito.










