El epicentro de la Semana Santa son las personas que la componen, el fervor, la pasión y la fe con la que viven cada uno de los días. Pero, la emoción que despierta el desfilar de un paso o un penitente viene dada, en gran medida, por el sonido. Los tambores envuelven a las imágenes no sólo de un aura solemne, también confieren al paso ritmo y cadencia. Son, por tanto, los tambores, el corazón que late y bombea el espíritu en la representación anual de la Muerte y Resurrección de Cristo.
La Cofradía del Cristo de La Flagelación viene a ser, posiblemente, la más pequeña en cuanto al número de integrantes de todas las de la Semana Santa santapolera. No por ello, su ímpetu y fervor son más pequeños. Más bien al contrario. Leo Picó (bombo) y Abel Ruiz (caja) son los encargados de coordinar y enseñar a un total de diez jóvenes, que son los que componen la banda de tambores de la Cofradía.
Aproximadamente, han ensayado a lo largo de todo un mes de cara a la Semana Santa con una banda de gente muy joven. Sin embargo, esta juventud no está exenta de experiencia y recorrido. Abel lleva nueve años tocando la caja, siempre en la misma Cofradía y sólo tiene 15 años. El motivo, “me gustan los tambores y, sobre todo, me gusta ayudar a mi cofradía en todo lo que pueda”.
Por su parte, Leo, con 22 años a sus espaldas, acumula once de experiencia tocando el bombo. “A mí me viene de familia, pues mis hermanos tocaban, uno el bombo y otro el tambor… y ahí me quedé”.
Enseñar a gente nueva “se lleva bien”, declaran. Días de ensayo y práctica por las calles de la villa marinera que arrancan a las 20.30 horas y se prolongan hasta las diez de la noche. “Normalmente”, declara Abel, “vienen todos, salvo que por alguna cosa de los estudios tengan que quedarse en casa preparando algo. Son bastante formales”. Una nota curiosa de esta banda de tambores es que, “hace poco más de un mes, éramos sólo cinco y cada uno tenía como obligación de cara a la cofradía el hecho de traer, como mínimo, uno más para la banda”.
Finalmente, ambos tienen planes de futuro de cara a cambiar su forma de participación en la Semana Santa, “en cuanto tenga 18 años, me gustaría pasar a ser costalero, para poder ayudar ahí”, señala Abel. Leo querrá entrar a cargar con el paso en 2015, “me hubiera gustado este año, pero era más necesario tocar un bombo”.









