ENTREVISTA A BENJAMÍN TIECOURA, VICARIO DE SANTA POLA
 

Benjamín, sacerdote en Santa Pola: “He estado muy a gusto aquí, y me he sentido como un santapolero más”

 
Viernes 11 de septiembre de 2020 0 comentarios
 

El padre Benjamín abandona Santa Pola para ejercer como sacerdote en su Costa de Marfil natal, en concreto, en una comarca fronteriza con Liberia de 500 kilómetros cuadrados y formada por 45 grandes poblados. Han sido seis años en los que ha oficiado misa en el municipio, integrándose en la comunidad y transmitiendo a los vecinos el Evangelio, la fe y mostrando el camino y los valores de la cristiandad.

Nacido al oeste de Costa de Marfil en el seno de una familia campesina, pasó su infancia en un pueblo sin luz eléctrica ni agua, pero fue una época “muy feliz”. Sus padres eran campesinos, y la prole se componía por 12 hermanos. Sin embargo, las dificultades de la vida en el campo hicieron que algunos muriesen siendo niños, y otros más jóvenes. Benjamín recuerda que quedaron siete hermanos finalmente, y que “nunca pasamos hambre, porque las miserias que se ven de África no existen en los pueblos. Se ubican más en los suburbios de las grandes ciudades, porque en el campo te abasteces de lo que sale de la tierra”.

Define su relación con su familia como “sencilla”, y que todos eran cristianos “de larga tradición”. Sus padres se convirtieron al catolicismo en el año 1952, se bautizaron y se casaron un año después. En los años posteriores fueron teniendo hijos, naciendo Benjamín en el 1963. Cuando era pequeño, los misioneros que se ubicaban en su poblado transmitieron la idea de que la educación era el futuro de estos núcleos, y abrieron una escuela primaria católica. “Yo sé leer y escribir, y me hice sacerdote gracias a ellos, los misioneros que pertenecían a los Sacerdotes de la Sociedad de Misiones Africanas”, cuenta.

Su vocación religiosa surge cuando un día de escuela recibe la visita del primer sacerdote de la región (lo que ahora se conforma como la Diócesis de Man). Éste hacía entender a los niños que los negros también podían oficiar misa, porque hasta entonces solo se veía a misioneros blancos, sobre todo franceses e ingleses. Esto caló en Benjamín, que decidió someterse al examen del Seminario Menor en el 1977. Tras haber aprobado, tuvo acceso a una beca del Gobierno para poder estudiar, lo que supuso una gran ventaja para sus padres. “A condición de sacar buenas notas, tenía acceso a una beca y a poder mantenerla, por lo que ni mi madre ni mi padre tuvieron que pagar el colegio o el internado. Gracias a Dios, pude mantener este obsequio aunque mi salud fuese frágil durante los cuatro años de la secundaria y los tres que duró el liceo” (lo que aquí sería el bachillerato).

Después de sus años en secundaria, decidió continuar su camino al sacerdocio yendo al seminario en Abiyán, la capital de su país. En el año 1984 comunicó a su obispo que quería acudir al Seminario Mayor, lo que le hizo aterrizar en Pamplona y licenciarse en Ciencias Religiosas. El 23 de julio de 1989 se ordena sacerdote en Costa de Marfil, algo de lo que guarda “muy buen recuerdo. Ese día fue realmente especial, ya que fui el primer sacerdote de mi tribu. Mis padres, mis hermanos, los cristianos del pueblo y hasta los no cristianos estaban allí, porque era un acontecimiento totalmente nuevo”. Siempre a caballo entre España y Costa de Marfil, cursa en la capital navarra el Máster en Teología Sistemática, y en 1991 comienza a trabajar primero de vicario en la catedral de San Miguel de Man. En 2002 estalla la Primera Guerra Civil de Costa de Marfil, que dividió al país en un norte con rebeldes y un sur con el gobierno. Precisamente, su diócesis se encontraba en la primera zona, y no podía permanecer en la parroquia. Benjamín relata que se puso en contacto con Francisco Conesa “un amigo de la provincia con el que coincidí en Pamplona y que ahora es obispo de Menorca. Por él vine aquí por primera vez, primero en Almoradí y luego en la zona de la Vega Baja”.

A Santa Pola llegó el 14 de octubre del año 2014, y lo recuerda “con mucha alegría, porque me recibieron como a un hermano. He estado muy a gusto aquí, y me he sentido como un santapolero más”. No pierde oportunidad en renovar su agradecimiento a los habitantes de este pueblo, ya que ellos precisamente son lo que más le ha gustado de su estancia. “Yo soy de zona de interior, y vivir en una zona marítima ha sido muy diferente y reconfortante. Pero insisto, lo mejor ha sido la diversidad en la ciudadanía, y al ser una zona tan turística, he hablado y aprendido tanto algunas palabras en valencià como en inglés o francés con los turistas”, comenta. Y añade: “También me llevo un buen recuerdo de la capilla de Gran Alacant, han sido seis años realmente buenos”. Sobre los feligreses de la villa comenta que “son sobre todo gente mayor, pero muy fieles a sus creencias y muy convencida de su fe, de lo que vive y lo que hace”. Alega que le hubiera gustado tener a más gente joven en la parroquia y en la vida de la comunidad religiosa, y que espera que algún día “haya más jóvenes comprometidos para vivir con alegría su fe en el pueblo”.

Ahora, encara el futuro con alegría, y afirma que le hacen mucha ilusión los nuevos proyectos a los que se enfrenta. En concreto, su nuevo destino lo considera un reto, porque “allí muchos no son cristianos todavía, entonces será todo más exigente. Pero lo afronto con fuerza, saldremos e iremos a los poblados, algunos sin carreteras o caminos. Voy con mucha ilusión, con la fuerza de Dios y con el ánimo y la colaboración de todos mis hermanos de Santa Pola”. Dice que allí estará de momento, haciendo lo que pueda y lo mejor que pueda, hasta que su obispo le destine a otro emplazamiento. “Siempre haciendo la voluntad de Dios, como cristiano y como sacerdote”.

Con respecto a la situación de emergencia sanitaria que hemos vivido en estos meses, Benjamín sostiene que el papel de la fe “ha sido muy importante. Los cristianos somos humanos como los demás, no vivimos fuera del mundo. Por tanto, las dificultades, penas y enfermedades que acontecen también son nuestras”. Durante la pandemia, la iglesia ha vivido el desasosiego y la angustia de sus feligreses, muchos con familiares o amigos enfermos o contagiados ellos mismos. Por ello, han llevado a cabo diferentes iniciativas para apoyarles, y el padre hace una mención especial a la idea del párroco de Santa Pola, Lucas: “Tuvo una gran imaginación al plantear la retransmisión por YouTube de las misas, para que la gente pudiera vivir desde sus casas la fe en los momentos en los que no podían salir ni celebrar la Eucaristía.

Benjamín afirma que no ha tenido miedo porque “siempre he mantenido la esperanza y la mirada puesta en el Señor”, pero siempre con realismo. “Si hubiera cogido el coronavirus, me hubiera puesto en tratamiento con los médicos y enfermeros, que han hecho y hacen muy buen trabajo. Siempre confiaré en Dios, pero también en ellos”. A todos aquellos que siguen con temor y tristeza, el párroco manda ánimo, y les insta a que tengan “fe en la vida, en Dios y en ellos mismos. Y también en la Medicina, en su familia y sus compañeros de viaje por este mundo”.

 

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