EDUCACIÓN
 

Batería de mejoras en el Cap de l’Aljub para afrontar el fracaso escolar en la ESO

 
Viernes 25 de octubre de 2013 0 comentarios
 

Ángel Lillo es el director del Instituto de Educación Secundaria Cap de l’Aljub, un centro educativo que arroja un censo, a día de hoy, de 910 alumnos y que puede seguir creciendo, puesto que la matrícula está abierta durante todo el año “aunque sólo por razones de traslado, nuevas incorporaciones o hasta completar grupos, como el de Hostelería, afortunadamente”. Aunque es la cabeza visible, quiere dejar patente que, sin la ayuda del equipo directivo, le sería imposible llevar a cabo la gestión y coordinación diaria de una población diversa, heterogénea y, a veces, complicada.
La primera complicación a la que han tenido que hacer frente ha sido el aumento de ratio, “hasta 36 para todos los cursos” de la ESO. Lo que, en sus palabras, “reduce la calidad educativa, porque no es lo mismo dar clase a veinte niños que a más de treinta”. Quizás, y sólo quizás, apuntan a una ratio elevada como uno de los causantes del fracaso escolar. “Los alumnos más jóvenes tienen doce años”, apunta Lillo, “están acostumbrados a un sistema donde el educador es quien les acompaña en todo momento. Mismos compañeros, mismo maestro. No se mueven de clase. Aquí todo es distinto. Aulas de gente heterogénea, han de trasladarse entre clases y, en definitiva, pasan de una situación de completa vigilancia a la de una autonomía vigilada”.
Por eso han redistribuido el plantel de profesores, reforzando Primero de la ESO, “pasando de tener cuatro a seis aulas, con una ratio media de 21 alumnos por clase (máximo 25, mínimo 17)”. Con esto pretenden “poner freno” al fracaso escolar desde las primeras etapas, “aumentando la atención personalizada al alumnado esperamos que el lógico despiste, el inevitable reajuste que se produce, sea el mínimo posible”. Y, en Tercero de la ESO se ha introducido un “grupo de enriquecimiento curricular creado por nosotros”.

Números de vértigo

Ese desbarajuste puede ser la primera piedra que se ponga en el muro del fracaso escolar. Porque, fracaso, existe. Los números son claros y hasta preocupantes para todos los estamentos educativos. En Primero de la ESO nos encontramos este año con un total de 124 alumnos, distribuidos en seis aulas; Segundo tendría 109, divididos en cuatro grupos; Tercero, 84, dos grupos y Cuarto de la ESO, último curso de educación obligatoria, dos aulas para un total de 61 alumnos. Es decir, no hace falta coger el ábaco para llegar a preguntarse qué ha pasado con el 50 por ciento de los alumnos en un lapso de tres cursos.
Afortunadamente, 44 alumnos conforman los grupos de Primero y Segundo de PCPI, una iniciativa educativa que “reengancha y rescata a aquellos alumnos que, bien por sus necesidades especiales, problemas sociales, educativos y o falta de capacidad continúan hasta conseguir la formación obligatoria”.

PCPI, tabla de salvación

En contra de lo que comúnmente se piensa, PCPI no es el apartadero, la escombrera educativa, sugerencia que molesta tanto al director como al secretario del centro, José Francisco López. “En muchos casos”, apunta éste último, “son alumnos que no han sabido hacerse con el sistema, que están mal enfocados y que, en su mayoría, no han encontrado una vía personal en las clases de la ESO. De hecho, muchos de ellos se reconducen, gracias a la enseñanza teórico-práctica que otorgamos en el PCPI (cocina y catering, respectivamente)”.
Resaltaba que hay chicas, incluso, que venían del fracaso y, ahora, son de diez. Muchos, además, pasan a tener un módulo de formación superior con “grandísimos y buenísimos resultados finales”.
A tenor de los datos, Ángel Lillo lo tiene claro: “algo falla”. El qué es el sempiterno problema, pues, hasta ahora, han sido incapaces de detectarlo. “Puede ser la metodología, puede ser la formación del profesorado, puede ser la disponibilidad de medios, puede ser el plan educativo. Hay muchas variables”.
Muestra de ello, puede ser la iniciativa del trilingüismo en Baleares. Según apuntaban a este medio fuentes sindicales que no quieren desvelar su identidad: “Queremos que profesores que no están formados den clases en inglés. ¿Cómo va a poderse realizar cuando no se tiene la capacitación para ello? ¿Y de la noche a la mañana? Es imposible”. Aseguran que cada día se presentan más requisitos y no se está dando la formación necesaria a los docentes, máxime cuando el 90 por ciento de todos ellos han entrado a la docencia antes del año 2000, “con un CAP (Curso de Capacitación Pedagógica) poco más o menos que testimonial”.

Siete planes educativos

A todo esto se suma que son ya siete los planes educativos a los que se han tenido que adaptar padres, alumnos, profesores y administración autonómica. Unos planes que, al menos el último en vigor, “amparaba el fracaso, porque existe, al menos de momento, la promoción automática. Apruebes o no apruebes has de promocionar. Luego, da lo mismo, no hay aliciente para algunos alumnos”. La solución puede ser crear itinerarios alternativos a los que quieran salirse de la línea principal, “pero eso no lo contempla la ley nueva, de momento, pues estamos a falta de ver adaptaciones y alegaciones”.

Excesiva complacencia

Otra de las patas que apuntalan la mesa educativa son los padres. Padres que se han visto, en muchos casos, superados por la situación económica actual y, sobre todo, “por la bonanza anterior”. Excesiva complacencia y, en líneas generales hasta ahora, “baja participación. Pero esta tónica la estamos intentando cambiar este año. Las reuniones informativas que hemos mantenido con los progenitores de Primero y Segundo de ESO han tenido una buena acogida. Buscamos mucha más implicación porque, la verdadera educación, se ha de recibir en casa, donde hay que apuntalar los valores del esfuerzo, la necesidad de cambio y, sobre todo, potenciar la idea de que la formación abre el abanico de posibilidades”.
Pero, ¿tienen motivación los alumnos? La cosa va por barrios, como aquel que dice. En líneas generales, los primeros cursos están un tanto perdidos y no es hasta Cuarto de la ESO cuando han de pensar en un itinerario educativo que condicionará su futuro. Dos son la aulas que hay en Primero de Bachillerato, 67 educandos en total, 29 en Ciencias y 38 en Humanidades, “Segundo de BAT se conforma en una única aula mixta, de 38 alumnos”, señala Lillo, “esto se debe a que, algunos, deciden pasar a los ciclos formativos que tenemos y otros optan por el Artístico, por ejemplo, que no se imparte aquí, sino en Elche”. En este punto, al menos, las cifras de selectividad arrojan un resultado más que satisfactorio, con un altísimo porcentaje de aprobados rozando el noventa por ciento.

Esto es muy difícil

Es en Bachillerato cuando se ven, principalmente, algunos problemas de peso que han provocado la sucesión de inventos educativos de toda índole. El nivel de las materias y la intensidad de las mismas, ha bajado considerablemente. ¿Por qué? Pues porque se ha de adaptar a lo que se viene ofreciendo en la ESO. Ergo, si no A, entonces, no B. Aquí no entran los típicos choques generacionales o las comparaciones, “puesto que los currículos actuales difieren bastante de los de etapas y planes anteriores. Es complicado entrar a valorar cuáles son mejores o cuáles más intensivos. Lo que sí es cierto, es que, con la situación actual, se busca más la educación teórico-práctica que la meramente teórica”, resalta Lillo. Aún así, muchos alumnos comentan que Bachillerato es difícil.
Otros miembros del profesorado, en concreto los encargados de la formación humanística, no se andan con medias tintas y cargan fuertemente contra la tecnocracia imperante. Sin Historia y Filosofía, sin tener estas asignaturas bien apuntaladas e insistir en la evolución del pensamiento, así como en nuestro pasado, “estamos condenados no sólo a repetirlo, sino a hacerlo mucho, mucho peor”, afirman.

Una mina de oro

Otra de las vertientes del éxito escolar (no todo van a ser malas noticias) es el buen funcionamiento que presentan los ciclos formativos. Cocina y Servicios, con grado medio y Superior, grado medio de Gestión Administrativa y Superior de Gestión Administrativa y Finanzas. En total, 386 alumnos. “Este año, hemos arrancado el Grado Medio de Cocina con 140 alumnos en Primero. Cuatro grupos con una media de 35 personas”. El porqué está claro. Hay demanda, sobre todo en Europa, de cocineros españoles. Los alumnos lo saben y, de hecho, la tasa de abandono no llega al cinco por ciento, siendo, además, muy altas las calificaciones que obtienen.
Muestra de ello, contaba José Francisco López, que una alumna del centro ha tenido, en Inglaterra, tres entrevistas de trabajo en una sola semana, “habiendo dejado un único currículo y, además, pudiendo escoger la oferta que económicamente le era más interesante”.“La pena vienen a ser los idiomas que, con sólo dos horas de inmersión en inglés a la semana, resultan insuficientes. Inglaterra y Alemania, sobre todo, demandan alumnos de Cocina”, afirma el secretario.

Cocineros a 3.000 euros

Un cocinero en Alemania puede rondar los 3.000 euros al mes (seis días a la semana con una media de diez horas al día, eso sí), más propinas. El problema, que hay que hablar Alemán. “Hemos ofrecido al Ayuntamiento nuestro centro para organizar un potencial aulario de la Escuela Oficial de Idiomas en Santa Pola, tal y como lo tiene Crevillente”, recuerdan desde la Dirección. Sin embargo, y pese a ser uno de los módulos más demandados y con mejor fama en la Comunidad Valenciana, “no es oro todo lo que reluce”, indica Lillo. “Pese a que tenemos una reforma y ampliación del centro realizada en 2008, nos hemos visto obligados a duplicar la oferta de plazas. Los medios, sin embargo, son los mismos . De hecho, si hay veinte alumnos en una clase, por ejemplo, se necesitan veinte cazos. Y, a veces, no los hay. Yo he solicitado material, bastante material, imprescindible y no ha llegado nada por parte de Conselleria, de momento”.

25 Aniversario

Este curso se cumple el 25 Aniversario del centro, por lo que pretenden diseñar un amplio cartel de actividades. “Para ello”, adelantaba Ángel Lillo, “queremos contar con una Comisión por parte de alumnos, antiguos alumnos, padres y profesores. Gente de años anteriores podrían formar parte de ella, que vengan al centro y cuenten a los alumnos su experiencia y su trayectoria profesional. Buscamos ideas, todo tipo de ideas, para poder poner en relieve esta fecha”. Por lo tanto, animan a todos los colectivos a implicarse y contactar con el centro, con el objetivo de llegar a más gente.

 

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