Cañones y arcabuces son elementos imprescindibles en las fiestas de Moros y Cristianos. José Pedro Sempere, responsable por parte del Bando Moro de la arcabucería y la coordinación en todos los eventos en los que esté presente la pólvora. “Lo importante es la colocación y estar atentos a la distancia de seguridad que ha de haber entre cada uno de los participantes”, declara.
Por poner un ejemplo, en el Desembarco se tiene que tener una distancia mínima de seguridad de entre tres y cuatro metros entre cada uno de los arcabuceros. “Otra cosa muy distinta es la que hay que mantener con respecto al público, donde un par de metros son suficientes. Nuestra distancia ha de ser mayor porque todos portamos una cantimplora con hasta un kilo de pólvora”.
Matiza Sempere que “cualquier petardo, cualquier chispa, colilla, cualquier elemento, hasta la bengala de un niño, puede ser peligrosa, por lo que es importante mantener esa distancia y estar atentos”.
Todos los participantes están obligados a presentar un certificado psicotécnico que les capacita para portar y manejar este tipo de armas de avancarga (que se cargan por delante). Al público recomienda que “lleven tapones. En caso de no llevar, no provoquen innecesariamente al del trabuco diciendo ‘dispara, que eso no suena’, porque más de uno puede llevarse el susto de tener una hora de pitidos”. Sin embargo, añade que “el que dispara sabe siempre dónde disparar para que el público no sufra ningún tipo de daño”.
En las entradas en la calle, “la disposición de seguridad afirma que es recomendable tener los cañones por delante porque el cañón dispara en horizontal y, los arcabuceros, en vertical. Por eso nos tenemos que poner detrás, si estuviésemos delante, la distancia entre nosotros tendría que ser mucho mayor”. Como nota aclaratoria, señaló que “si se tratara de un combate real, deberíamos estar a la inversa”.









