A sus 105 años, la Tía Nati, la santapolera de más edad, ha querido estar presente este año el día en el que se baja a la Virgen de Loreto para cambiarle sus joyas y prepararla para las fiestas que se celebran en su honor. Junto a ella han estado también otras personas mayores, como el querido “Manolico”, el que fuera director del grupo Los Romeros, que se emocionaron al poder besar la imagen.
La ancestral devoción a la Virgen de Loreto continúa viva. Madres, padres y abuelas han vuelto a llevar a los bebés –el menor de ellos Sofía, de tan solo diez días– para presentarlos ante la Patrona y pedir su protección. Todo esto ha sucedido este martes 28 de agosto, en el que la devoción ha sido más fuerte que el intenso calor que, durante dos horas, se respiró en la Capilla de la Virgen de Loreto. A las 12 en punto el responsable de Servicios Generales, Vicente Germán, bajó la imagen de la Virgen y, desde ese momento y hasta las dos de la tarde cientos de personas pasaron por la Virgen para besarla y pasarle las ya populares cintas que luego, a lo largo de todo el año, servirán para el amparo de enfermos o para la protección de los bebés en sus cochecitos.
El acto ha estado presidido y organizado por las Camareras de la Virgen: Gertrudis Bonmatí, Antonia Martínez, Loreto González, Pepita González y María Cristina Bonmatí. Son las cinco mujeres que se encargan de todo lo relacionado con la patrona y su ermita. Este año dos jóvenes santapoleras con problemas de salud –María Pastor y Susibel García– han acudido con mucha fe y emoción a cambiarles sus respectivas coronas a la Virgen y al Niño. Estas dos coronas las luce la imagen solo durante las fiestas y están hechas con oro, perlas y unos angelitos de marfil.
Las Camareras quitaron a la Virgen las joyas que ha llevado a lo largo del último año y le pusieron las que lucirá desde ahora hasta finales de agosto de 2013. La única promesa que siempre lleva consigo la Virgen es la pierna de oro de Finita Bonmatí, la del “milagro” que hizo la patrona con ella al curarla. También lleva la Virgen un camafeo del año 1800 regalado por la mamá Josefa y un rosario de oro donado por Maruja hace ya medio siglo y que era una veraneante madrileña que se solía alojar en el hotel Miramar.
Y este año, como suele ser costumbre, se le han impuesto varias joyas nuevas. Dando gracias por un favor concedido y por una promesa dos señoras han regalado sendas cadenas de oro con medallas de la Virgen de Loreto y dos hermanas le han impuesto un broche con la medalla del amor para que la Virgen interceda por su madre, que está muy enferma.
La cuidadora de la capilla, Vicenta Fuentes, vendió a la entrada varios centenares de cintas de colores con la medida exacta de la Virgen, 37,5 cm. Además, este año las Camareras han presentado otros objetos que han tenido mucha aceptación, como abanicos, pañuelos, pulseras y rosarios.









