Bernardino Gago Pérez, pregonero de la Semana Santa 2015, es oriundo de tierras castellano-leonesas, concretamente de Valencia de Don Juan, un antiguo partido judicial de seis mil almas que se adentra en las castillas, al sur de León, entre Zamora y Valladolid. Tierra de reconquista y prieta fe, al igual que sus cecinas y jamones.
Llegó por mor de la profesión docente, ilustre donde las hubiere pero denostada hoy en día. Y más su especialidad, la Filología Románica, una rama de la Filosofía y Letras. Es decir, uno de los pocos capaces de hacer entrever al educando la belleza de frases tales como: “Timeo danaos et dona ferentes”. A su arribada a las costas mediterráneas, se incorporó al instituto de Bachillerato, por traslado, en calidad de catedrático de IES. Se hablaba por aquel entonces de temas hoy tan lejanos como la Expo o las Olimpiadas. Es decir, en 1992, “año de gloria”.
El Pregonero destaca que la diferencia principal entre la Semana Santa del norte y levante español estriba en la seriedad, “sobre todo a la salida de las procesiones”, apunta. “Allí no se reparten caramelos, no se llevan las barrigas llenas de todo eso que suelen recabar. Es una procesión más solemne, donde prima el silencio: las imágenes son igual de adoradas, pero llevan un porte de seriedad”.
Por contraste, le llama la atención del Mediterráneo que sus “imágenes son el símbolo de personas que han pasado por el mundo, de una educación cristiana pero, en especial, se resalta el valor de la Cruz y de la Virgen María. Son los que más llaman la atención”. Destaca en su pregón dos pasos, dos tallas en concreto. La primera de ellas, la particularidad de nuestra Cruz del Mar, “que es algo único de un municipio pesquero y, sobre todo, el simbolismo que lleva implícito. Las redes colgadas del travesaño es algo muy exquisito, como si las hubiesen sacado del mar, extraídas por los propios marineros de las aguas”.
Hueco tuvo en su pregón para hablar de la dolorosa figura del Cristo y su Pasión, resaltando, el Ecce Homo “porque es la figura más triste, melancólica, la piltrafa de un Cristo ante Pilatos”. Por ende, da protagonismo al Ecce Homo por el hecho de que suele estar todo el año en Playa Lisa, y Gago Pérez suele acudir con frecuencia a aquella iglesia. En cuanto a la Virgen, habla de su “grandiosidad y silencio ante su Hijo, no solamente en el Calvario, sino desde el momento en que lo entregan a la muerte”.
Huelga decir que no solamente de espíritu se alimentó el parlamento del Pregonero. Se habló de juventud y niñez, de recuerdos que van más allá de lo espiritual, “que te quedan en el alama para toda la vida”. Atesora con cariño la imagen de “cuando íbamos a recoger el agua bendita tras el Sábado de Gloria; los zapatos que se estrenaban el Domingo de Ramos; las niñas, que iban la mar de guapas, con sus trajes y sus lazos en el pelo… Todo esto tiene un significado tremendo para las personas mayores”. La cándida adolescencia ocupa también un ínclito hueco en su memoria: “las burradas que se hacían, con los famosos concursos de carracones (lo que suele haber en Tobarra, la tamborrada, aunque ésta de carracas y matracas, acompañadas de panderos y bombos)”. A raíz de ello, el deambular por las calles regados los mozos por anís o mistela “y, por mi zona, la limonada, tan típica de castilla la vieja o vascongadas. En Asturias es algo muy serio. También estaban los costaleros, que muchos llevaban bajo las andas hasta la bota de vino”. En definitiva, lo divino y lo humano; el fervor y lo carnal, se daban la mano.
Su Pregón estuvo, y está, marcado por el reloj y el calendario, pues el trascurrir de los mismos se impone desde el Domingo de Ramos hasta el siguiente, con la Resurrección. “Es un todo completo, sobre todo Jueves, Viernes y Sábado. Una semana, podríamos decir, que habla de las dos cosas más trascendentes del cristianismo, la Cruz y la Resurrección”. El primero símbolo evidente y, el segundo, algo mistérico e iniciático, “muerte y vida”, tal y como destaca en su proclama.
Finalmente, deslumbró al concluir su manifiesto con el siguiente soneto:
He aquí al Hombre, a Cristo verdadero
lleno de amor en cruz tan redentora.
¿Quién te hiere, Jesús, y sin demora
te deja inerme, exhausto en el madero?
Al árbol de tu Cruz los que prefiero
son clavados, Señor, aquí y ahora,
el que sufre, el que pena y el que llora
su inmensa soledad sin freno, entero.
Vente, Jesús, conmigo. Rasga el velo
oscuro que ennegrece hoy mi mente,
Déjame, Dios, tu Cruz como sustento.
Voy a sufrir contigo. Mi desvelo
por el triste, el humilde frente a frente
que quiero vivir siempre de tu Aliento.









