EDITORIAL
 

TIEMPO DE REFLEXIÓN

 
Viernes 18 de agosto de 2017 0 comentarios
 

Existen soluciones para problemas concretos. Si hay un bache, se rellena. Si se funde una farola, se cambia la bombilla. Otros necesitan de licitaciones, concursos, anuncios y procesos, pero todos suele estar medido y con una normativa bien explicada. La duda es qué hacer cuando el contratiempo no es medible ni tasable, sólo se siente en el ambiente. Como una calima asfixiante, que oprime, abochorna y deja exhausto.
Hablamos, por ser más concretos (si es que se puede) de la evidente falta de alegría que reina en el municipio. Sólo hay que bajarse del pedestal, dar una vuelta y hablar con la gente. Reina la duda y triunfa el miedo. ¿A represalias? ¿A castigos innombrables? ¿A que te acusen de significarte políticamente por decir que las cosas no van tan bien?
Nos cuentan que miembros del equipo de Gobierno han hecho encuestas en primera persona. Que han preguntado qué tal va todo y les han contestado que fantástico, inmejorable. Pero, ¿coincide esa visión con la realidad? No con nuestras fuentes, al menos. Fuentes que piden respeto, discreción, no sea que rápidamente salga a relucir el dedo acusador.
Mal ambiente hay. Se transmite y, diríamos, casi contagia al visitante, que nota la falta de alegría y decide invertir si exigua paga en otros lugares con más “buen rollo”, digamos. Los empresarios miran con preocupación los tickets, las cajas, sudando por las potenciales decisiones que tendrán que tomar, si la tristeza continúa. Los empleados, ídem de lo mismo, pues presienten la espada caer.
Con esto no queremos ser ni agoreros, ni heraldos de infortunio. Lo único que pretendemos es no tener que recurrir al “te lo dije”. Esperamos, de verdad, equivocarnos, tener los datos cruzados y que el verano salga exitoso como nunca. Porque el pueblo necesita prosperidad, alegría, diálogo.
El lunes hay una nueva oportunidad de cambiar las cosas, de enmendar errores, de llegar al consenso. No pasa nada por dar un paso atrás, siempre que sea para tomar el impulso que Santa Pola quiere y necesita. Tienen un fin de semana para reflexionar, para meditar, para reunirse a la sombra de una terraza y el amor de una cerveza. Por favor, háganlo.

 

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