Miguel Atencia
 

SALIR DE LA DROGA

 
Viernes 16 de septiembre de 2016 0 comentarios
 

A mediados de agosto me senté en un banco de la Glorieta, junto a un chico que aparentemente dormitaba, le pregunté ¿De qué parte eres? De Madrid llevo aquí tres días y me voy a quedar hasta el próximo viernes. Después de intercambiar algunas palabras, yo le dije que vivo en Elche y que normalmente cada año me quedo junto con mi mujer hasta que pasan las fiestas. Entonces el, continuó:
Yo… yo… ¿Sabe usted?, yo sé que no está bien que cuente cosas personales a un desconocido, pero parece usted una buena persona. Yo… Yo… tengo 38 años y he estado 10 años en el mundo de las drogas.
Mi historia es similar a la de cualquier otro. Empecé fumando porros y tomando cocaína de vez en cuando. Hasta que un día me dio por probar la heroína, ¡Sí! Maldita la hora. A partir de ahí empezó un calvario para mí y toda la gente que me rodeaba. Empecé poco a poco, hasta que ya, mi vida era por y para drogarme. Dinero que pasaba por mis manos iba, como no, a comprar droga. Sin preocuparme si a mi familia le hacía falta para comer o comprar ropa. Sí, era un padre drogadicto, perdido y sin rumbo.
Estuve en dos ocasiones intentando dejarlo, tomando medicamentos por mi cuenta, pero nada de nada, vuelta a lo mismo. Volvía a engancharme y cada vez peor. Mi familia estaba alborotada sin saber cómo solucionar el problema, Yo tenía la sensación de que iba a perder a mi hijo, a mi mujer, a mis padres y a todo aquel que seguía estando por la labor de ayudarme. Era un infierno.
Hasta que un día mi hermana vino a hablar conmigo. Bueno mi hermana, mis primos y toda la familia. Estuve hablando con ellos y me di cuenta que lo mejor que podía hacer era ir a algún centro de rehabilitación. Me facilitaron el número de teléfono para que yo mismo llamara, marqué el número y me atendieron, respondí a algunas preguntas que me hicieron e inmediatamente me puse en camino a la dirección que me indicaron. Y aquí estoy.
Pasé el “mono” y la verdad, mucho más lívidamente que en las otras ocasiones gracias a la ayuda y al tratamiento natural que en el centro me facilitaron.
He recuperado algo muy bonito, MI LIBERTAD. Estoy contento e ilusionado de cómo voy progresando y de cómo estoy encontrando a mi familia conmigo. Siempre he sabido que ellos no cesarían en su empeño por ayudarme.
Por fin me siento y tengo la seguridad de que estoy en el camino adecuado y correcto. Solamente me queda decir que es muy bonito levantarse por la mañana, y no tener nada más que pensar que en uno mismo y en todo y en todos los seres queridos que me rodean.

 

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