Miguel Atencia
 

MI ADMIRACIÓN A TODOS LOS ABUELOS Y ABUELAS

 
Viernes 21 de julio de 2017 0 comentarios
 

En el persistente calor del verano quiero pediros unos minutos refrescantes y serenos. Hoy os hablaré de los mayores de los abuelos. Se me ocurre este tema pensando en la proximidad de la fiesta de San Joaquín y Santa Ana, que la tradición nos presenta como los padres de la Virgen María. Con estos nombres se les recuerda en muchos pueblos, son patronos muy queridos. Ellos fueron los buenos abuelos de Jesús.
Y en ellos manifiesto mi reconocimiento y les mando un abrazo a todos los abuelos y abuelas, a veces, agotados; abuelos y abuelas en otras ocasiones repletos de vida y humanidad. Ofrezco unas pinceladas sencillas del abuelo y de la abuela.
El abuelo y la abuela rezuman ternura. La ternura hace más humanos a los hombres. Los abuelos, de forma gratuita y generosa, hacen que cada mañana renazca la ternura en nuestro mundo agrio, acelerado, agresivo, áspero, etc.
Me impresiona además la imagen del abuelo. Es la hora de la salida del colegio. A la puerta, el abuelo puntual espera al nieto o a la nieta. Se dan un beso. El abuelo camina orgulloso llevando de la mano al nieto. El nieto o la nieta reconocen esa mano que les da seguridad y calor. Se repetirá la escena cada día de clase.
Aunque al abuelo le falten las fuerzas, que al nieto y a la nieta no les falte el cariño y la ilusión para quien les acompaña al colegio y les espera a la salida. Los padres están los dos en el trabajo. A veces, quién más tiempo dedica a los niños son los abuelos. Cuentan al nieto o la nieta viejas historias de familia.
Pero también le enseñan a santiguarse, y les hablan de la Virgen. En una ocasión me decía una amiga que ejerce de profesora con niños y niñas de párvulos, que un día que tocaba la clase de religión se puso a explicarles la vida de Jesús. Un niño emocionado le interrumpió diciendo: “Seño eso que tú nos cuentas, también me lo dice mi abuelo”. Podría alargar mi elogio de los abuelos. Pero su vida tiene también otra cara. Aunque no sea más que un rasgo oscuro. Muchos abuelos y abuelas sienten la amargura de la soledad.
Un tiempo atrás leí una encuesta hecha a personas mayores, y según la misma un 20% de los ancianos españoles se sienten solos. Experimentan el abandono, tienen la sensación de que estorban. Y, a la vez, han de escuchar el reproche de los de casa, ¿Qué más quieres?
Es verdad. Quieren más cariño. Tal vez desean menos viajes y más compañía. Porque cuando nos faltan definitivamente nos lamentamos de no haberlos querido más.
Recordemos con gratitud a nuestros abuelos, y en especial el próximo día 26 en que celebramos la fiesta de San Joaquín y Santa Ana. Su trabajo sacrificio y entrega han empujado la historia y han contribuido a crear nuestro bienestar actual. Su cara y sus manos arrugadas expresan toda la belleza de quienes han dado todo y no han hecho más que amar.
Sería muy triste un mundo sin abuelos.

 

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