Pepe Martínez Fuentes. Un simple vecino de Santa Pola.
 

MEMENTO MORI

 
Viernes 6 de julio de 2018 0 comentarios
 

MEMENTO MORI

El comportamiento humano es predecible y repetitivo, y tal como los faraones construían sus mausoleos en el Valle de los Reyes, los últimos alcaldes de Santa Pola han dejado su impronta en la Glorieta.
La popular plaza cuenta con más de tres tipos de papeleras diferentes, bancos, farolas, pavimentos y cada vez menos sombra. Se construyen y demuelen jardineras, plantan y desplantan árboles, instalan, desinstalan, vuelven a instalar para terminar demoliendo fuentes. Un circo arquitectónico. Pasen y vean, estamos siendo testigos ni más ni menos del maltrato y prostitución de un espacio público. Y todos, absolutamente todos los equipos de gobierno que han existido durante estos últimos 20 años, son responsables.
Nuestra Glorieta está rota, desmigada y hecha añicos. No queda de ella cualquier atisbo de lo que fue y lo que para todos los santapoleros representó. Fea, tan fea como una playa sucia, como un paseo marítimo sin chiringuitos en plena temporada alta, tan fea como un plan de humanización, que ni es plan ni existe ni se le espera. Un auténtico desastre, un popurrí de malas decisiones y una concatenación de errores.
La Glorieta es un fiel reflejo de la realidad de nuestro municipio.
Un descampado, un solar sin sombra ni agua, ni ley ni orden, donde los tránsfugas hacen y deshacen a su antojo, concejales de vacaciones en plena temporada alta y responsables de playas que se escudan en gestiones brillantes que brillan sin lustre. Una mala gestión que debería ser tan delictiva como prevaricar y malversar.
Una mala gestión producto de mirar al pasado y no al futuro. Una gestión tránsfuga, basada en la chulería, el insulto recurrente y mala educación aderezada con frases en latín. Una gestión vacía, tan vacía como los paseos sin chiringuitos y tan vacías como quedarán nuestras playas a partir de septiembre. Una gestión que no es gestión sino dejadez.
La solución para la Glorieta no existe, pues lo que existe es una losa de hormigón que pesa tanto como la gestión tránsfuga de los últimos tres años. Desmanes de ingenieros autodidactas, caciques venidos a menos y chulos de puerto. Si a este gazpacho le añadimos sal y pimienta igual lo podemos vender. Que el problema no son los chiringuitos, ni la piscina, ni la maltratada Glorieta, ni las playas sucias, son las placas de los faraones muertos, que a la dinastía actual no le gusta verse ensombrecida por el pasado.
La Glorieta, como la pirámide de Keops, es una triste sombra de su pasado. Una auténtica pena que un espacio tan emblemático del que antes sacábamos pecho en los folletos turísticos haya quedado reducido a un “solar con toldo”. Una auténtica pena, ver a concejales tránsfugas que en lugar de preocuparse por su pueblo se dedican en redes sociales a reírse del dolor de una madre por la situación de discapacidad de un hijo. Asco. Pues reírse de una madre que llora a un hijo perdido no es simplemente inhumano sino que refleja la crueldad y la incapacidad de amar de ese sujeto.
A ti te digo Memento Mori.
He de reconocer que el cambio de dinastía me produjo algo de esperanza, un subidón de adrenalina, cosquilleo, pero visto lo visto al final ha resultado más de lo mismo y menos de lo esperado. Una oportunidad echada a perder, como cuando dos personajes tránsfugas te interrumpen un coito y te dejan el orgasmo a medias, se queda todo como la Glorieta, como un polvo mal echado..

Pepe Martínez Fuentes
Un simple vecino de Santa Pola

 

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