Miguel Atencia Pérez
 

JUBILARSE O NO JUBILARSE

 
Viernes 20 de febrero de 2015 0 comentarios
 

Jubilarse, que viene de júbilo, suscita actitudes contrapuestas. Por un lado, el deseo de verse libre del trabajo cotidiano; por otro, temores a que el “jubilo” no sea tanto. Los que trabajan en la enseñanza, por ejemplo, están deseosos de “liberarse” de adolescentes en muchos casos molestos, maleducados, y como poco indolentes.

Los que realizan un trabajo pesado, como puede ser la construcción o en el campo, suelen comentar, ¡no veo el día de jubilarme!, si el trabajo es, vendedor de seguros o de dependiente, sabemos lo que quema tratar con el público y darles siempre la razón aunque no la tengan, y cuando el tiempo inexorablemente se acerca, unos y otros no dejan de hacer números para ver si pueden acogerse a la jubilación anticipada. Piensan, no sé si acertadamente, que con ella llegará el tiempo de la libertad, de la ausencia de responsabilidades, de levantarse a cualquier hora sin presencia del despertador, de los viajes, de tumbarse tranquilamente al sol etc.

Pero hay otro grupo de personas, que este idílico panorama al que se puede acceder con la jubilación anticipada, no lo ven tan claro. Al jubilarse, aparte del perjuicio económico que en unos será irrelevante y en otros significativo, se plantearán cuestiones no menos importantes. La primera consiste en qué vamos a hacer con nuestro tiempo. Los que cuentan con otros quehaceres, no les preocupa tanto, pero ¿Qué decir de aquellos cuyo único horizonte laboral es el que se van a dejar? El trabajo, entre otras cosas, obliga a relacionarse, a mantenerse en forma. El temor a qué hacer con los días, a la rutina, una rutina mayor que la que se va a perder, y sobre todo a la soledad, puede frenar a la hora de tomar la decisión. En cuanto a las ventajas, (olvidarse del despertador, libertad de movimientos, viajes, etc.) se puede caer en una engañosa atopía. (...) Por lo que respecta a los viajes, tampoco se puede uno marchar cuando le venga en gana, pues a veces se depende de amigos que no siempre podrán por cuestiones económicas o de salud. ¿Y qué decir de nuestro aspecto físico cuando solo nos espera la compra o ir a por el periódico?...

Creo que ante estos problemas también hay soluciones para paliar la inactividad y las soledades, apuntándose a cursos, aprendizajes, voluntariado diverso etc. Respecto a los viajes, se pueden planificar en solitario(...).

¿Qué hacer, por tanto? ¿Anticiparnos a la catástrofe o cruzar el escalón de la nueva y a lo mejor muy grata experiencia? Cada uno tendrá que hacer, números aparte, un recuento de creatividades, de aficiones y de cómo ir encajando las soledades, que vendrán. Si frente a todo esto siguen las dudas lo mejor será esperar un poco.

 

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