Alejandro Sáiz Moreno
 

HUMANIZACIÓN DE LA CIUDAD Y DEL CIUDADANO

 
Viernes 28 de julio de 2017 0 comentarios
 

A finales de junio se ejecutaron los cambios pertinentes destinados a hacer realidad la humanización de la Villa de Santa Pola.
No entraré a valorar si tal decisión ha sido acertada o no en cuanto al momento de su aplicación o bajo la perspectiva de otros parámetros pues no es esta la finalidad ni la intención de estas líneas.
Esa decisión, antes de la tomada hace unos días, ya se ejecutó de forma más restringida, pues no conllevó cambios de dirección de calles, hace año y pico en la avenida González Vicen.
La experiencia acumulada en ese tiempo y en ese reducido espacio nos permite sacar conclusiones y exponerlas en un medio público como el presente para que a aquel a quien corresponda tome las decisiones pertinentes, si las considera necesarias, tras conocer el sentir de los ciudadanos, o, por lo menos, de algunos de ellos.
Me referiré a la seguridad de los viandantes en ese espacio restringido a la circulación de los vehículos a motor: coches, motocicletas y ciclomotores, por ahora en parte de la ya referida Avda. González Vicen y en el futuro, según previsiones, en espacios más amplios.
Parece ser que en ese espacio, destinado al paseo relajado del ciudadano, está permitido el tránsito de bicicletas.
Para humanizar una ciudad la ciudadanía de a pie así como la bicicleta deben ir ganando terreno al coche y los ciclistas son cada vez más conscientes de eso, a la vez que lo son también de la responsabilidad que conlleva el uso de la bicicleta.
A pesar de lo anterior, a pesar de esta respetuosa actitud de los ciclistas, fundamentalmente de los ciclistas adultos, en la zona destinada a humanizar la ciudad, por conjunción de circunstancias se han dado casos, observados por quien suscribe, de riesgos de colisión de bicicletas con viandantes, que, confiados estos en que ese espacio era para uso exclusivo de ellos, se han llevado auténticos sustos al verse abordados de improvisto por un ciclista.
Si ese abordaje es sobre una persona adulta, no anciana, las posibilidades de esquivar la situación son mayores que si en el suceso se ve involucrada una persona mayor. Todos sabemos que a edades avanzadas la dinámica y la coordinación de movimientos se ven disminuidas. Y mucho más los reflejos para reaccionar ante situaciones imprevistas.
No hablemos ya de niños pequeños de dos, tres o cuatro años. La espontaneidad, a la vez que la inconsciencia de sus actos y movimientos, por otra parte naturales y propios de su edad (sus padres no pueden llevarlos atados) hacen que el riesgo que estas criaturas corren sea mayor que el que corre el resto de la población.
Una persona anciana en estas circunstancias, en una posible caída, puede sufrir fracturas de cadera, hombro, muñeca; las más frecuentes a esa edad. Pero un infante, un niño pequeño, por sus características físicas, poca estatura y poco peso con relación a un adulto, es candidato idóneo para que las consecuencias del impacto con una bicicleta sean trágicas.
Como decimos, su corta estatura y menor resistencia por su peso al contacto con una bicicleta hacen que en su caída tengan muchas probabilidades de impactar con su cabeza directamente contra el suelo y, sin ánimo de mostrarnos trágicos y alarmistas, las consecuencias neurológicas que un traumatismo craneoencefálico puede provocar en una criatura de esa edad pueden ser, en el peor de los casos, graves e irreversibles. Que alguien, si tiene argumentos y valor, consuele después a los padres y justifique lo sucedido.
Una medida que se mostraría equitativa para las partes sería que, llegados a la zona humanizada, peatonal, los ciclistas se apearan de sus bicicletas, transitaran a pie por la misma como el resto de los viandantes (igualdad de condiciones y de derechos para todos) y superada ésta reiniciaran la marcha normal. Esta medida no alteraría de forma significativa su actividad físico-deportiva, evitaría riesgos a todos y, a la vez, a los ciclistas se les permitiría seguir su itinerario sin modificaciones ni desviaciones sustanciales del mismo.
En definitiva, se han de implementar medidas como la expuesta u otras que los expertos consideren más adecuadas para que no resulte incongruente, a la vez que contradictorio, que un espacio destinado al solaz, esparcimiento y ocio, se transforme en un lugar en el que deambular por él se convierta en una continua preocupación y una constante alerta para evitar situaciones desagradables, a la vez que posibles enfrentamientos personales entre ciclistas y viandantes como consecuencia de potenciales sucesos.
Para que eso no ocurra los responsables tendrá que normalizar la convivencia entre las partes en el uso de esa zona (normalizar deriva de aplicar normas).
Si algo sucediese, ¡ojalá no!, sin que se hayan tomado medidas al respecto, alguien tendrá que responder ante la sociedad y, a la vez, recordarle la acertada sentencia de uno de los clásicos de nuestra literatura cuando, refiriéndose a los que ostentan responsabilidades en la sociedad y a la trascendencia de sus decisiones, dice que “Así como tienen prestas las sienes para los honores han de tener prontos los pies para las penas, pues lo que hoy resultan coronas de laurel mañana pueden ser grilletes y cadenas”.

 

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