Miguel Atencia
 

GASTRONOMÍA EN CUARESMA

 
Miércoles 12 de abril de 2017 0 comentarios
 

El pasado día uno de marzo, la Iglesia celebró el Miércoles de Ceniza, y empieza la Semana Santa. Son estas unas fiestas en las que la tradición está muy presente. No solamente en lo que se refiere fundamentalmente al componente religioso, sino que además, está estrechamente ligada a ellas, la gastronomía de la Cuaresma que en este caso, posee una personalidad propia.
De la prohibición de comer carne, de la austeridad impuesta por la Iglesia en esta época, surgieron platos magníficos, sabrosos, bien arraigados en la cocina tradicional, que tienen su eje principal en torno a los potajes de vigilia, los guisos de bacalao y las célebres torrijas.
Elaboraciones cuaresmales que vuelven cada año con más fuerza, a los hogares familiares, donde el ama de casa se esmera año, tras año, en preparar platos que satisfagan a los suyos, bien con una receta de la abuela, que ya tenían olvidada, bien sacada de uno de los muchos cuadernos de cocina que se publican constantemente, o de alguno de los programas que dan por televisión.
Pero, no solo en torno a las familias se elaboran los menús para los días de la Cuaresma, sino también en nuestros restaurantes, ya que hoy cualquier cocinero que se precie, motivado por ese feliz protagonismo que está adquiriendo cada día con más auge el recetario popular, ha de estar en constante aprendizaje para poder satisfacer lo que el cliente demanda. Una vuelta a la tradición que nos lleva a esa cocina de la memoria, la de los sabores que recordamos de nuestra infancia.
Una vez dicho esto, se llega a la conclusión de que, lo que se planteaba inicialmente como un sacrificio, a la hora de sentarse a la mesa, en tiempo de cuaresma, ha perdido ya su sentido.
Sin carne se puede comer de maravilla, incluso mejor, sobre todo en un país tan aficionado al pescado y al marisco como es el nuestro y en el que gozamos de tanta variedad y calidad.
Ya me dirán donde está el esfuerzo en sustituir la carne por un bogavante, un rodaballo o cualquier otra de las delicias que proporcionan nuestros mares.
Pero esa no es la cuestión. Lo importante es que, en este País en el cual nos ha tocado vivir, con el paso del tiempo, se han cambiado muchas cosas, unas para bien y otras no tanto, pero al menos en lo que se refiere a la gastronomía, en tiempo de cuaresma, seguimos fieles a nuestras raíces.

 

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