ANTONIO PEREDA
 

DE LAS LÁGRIMAS AL LLANTO

 
Viernes 2 de agosto de 2019 0 comentarios
 

El pasado año por estas fechas recordando el acto de homenaje a Silvia Martínez leí varias cartas de su madre Toñi Santiago y varios artículos relatando los hechos de ese maldito día, sintiendo un grandísimo dolor y siendo incapaz de contener las lágrimas. En uno de los momentos de la lectura de uno de los artículos se decía la edad de Silvia, 6 años, y automáticamente se me vino a la cabeza mi hijo, que justo ese año había cumplido esa misma edad. De las lágrimas pasé al llanto pensando qué pasaría si no lo volviera a ver, si no pudiera volver a abrazarlo, a besarlo, a arroparlo cuando está enfermo o tiene frío, a reír juntos, a ver una película, si no hubiera podido enseñarle a montar en bici, jugar al balón, ir al parque, o a la playa, y como no, tumbarnos abrazados en la cama hasta que él acaba dormidito.
Piensen todos ustedes independientemente de la edad que tengan sus hijos que les hubieran arrebatado todo lo que han vivido con ellos desde los 6 años y lo que les queda por vivir. Pues señores, esto se lo han arrebatado a los familiares de Silvia Martínez, tanto como a todas las demás familias de los asesinados en los atentados perpetrados por la banda terrorista.
El hecho de ponernos en el pellejo de otros nos hace poder llegar a sentir un poco de lo que los demás sienten. Ya podían empatizar aunque fuera un poquito algunos de estos politicuchos que por el hecho de pertenecer a unas siglas y tener que claudicar con el argumentario oportunista del momento, les hace olvidar que somos personas, vecinos, que llevamos a los hijos a los mismos colegios, que paseamos por las mismas calles, que comemos en los mismos sitios…
Dicho lo anterior dejo esta reflexión sobre la mesa para que no dejemos y que no nos dejen de recordar, no vaya a ser que la memoria solo sirva para unas víctimas y para otras no. No dejemos de empatizar, no nos olvidemos ponernos en el lugar del prójimo, parémonos a pensar aunque sea por un día y por un momento que esto le podía haber pasado a cualquiera, que esto ha sido una sinrazón por la que todavía no han pedido perdón, aún parecen orgullosos de sus crímenes. Unos recibidos con honores y en cambio las víctimas llevan años siendo maltratadas, menospreciadas y en ocasiones utilizadas políticamente.

 

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