CONMEMORACIÓN
 

El compositor Manuel Quislant Botella: UNA MERITORIA CARRERA MUSICAL

 
Jueves 15 de julio de 2021 0 comentarios
 

EMILIANO GARCÍA ALCÁZAR

Un singular ejemplo de esos músicos nacidos en el seno de un pueblo que continúan esa tradición proveniente de sus progenitores, como fue su propio padre músico, inculcándoles la afición por el “bello arte”, queda claramente representado en la figura de Manuel Quislant Botella (Santa Pola, 23 de agosto de 1871; Madrid, 9 de marzo de 1949) -al que despertó esa vocación musical según su propio testimonio “oyendo los cantos de amor a la <> que oía entonar a mi madre confundidos con el eco suave de las olas”-, en un ambiente en el que las bandas de Música tienen especial protagonismo compenetradas con ese sentir y aclamación popular -lo ratificaría el ilustre escritor Azorín con su afirmación “La Cultura de los pueblos se mide por las bandas que hay en ellos”-

Es en la primera Banda que se crea en su villa natal de Santa Pola, la denominada “Santa Cecilia”, por el año 1861, siendo su primer director Francisco Buyolo al que prosiguió tomando la batuta el padre de nuestro compositor a quien le enseña Solfeo, Ángel Juan Quislant Blanca (1833-1908) -fundador de una rondalla de instrumentos de pulso y púa y persona polifacética, titulado en Cirugía, a la vez que ejerce las funciones de practicante, administrador de correos y barbero, profesión ésta ligada en la época a la de músico-, dentro de la cual se instruye Manuel Quislant tocando el requinto al lado de sus hermanos José y Ángel, quienes integran más tarde con él una agrupación para quinteto de cuerda -recordemos que Manuel recibe lecciones de Violín de manos del Maestro Alfredo Javaloyes en la ciudad vecina de Elche a donde iba y venía a pie desde la carretera de Santa Pola -suyas son estas emotivas palabras que bien lo evidencian: “¡Cuántas veces la he andado con mi pobre violín a la espalda!...Si para morir aquí donde naciera, frente a ese mar azul, bajo este cielo riente y entre los míos, fuese menester recorrerla de nuevo; de nuevo emprendería la marcha con la misma ilusión que entonces, pues aquí, en este trozo de tierra, entre afanes y cotidianos trabajos, nació mi gran amor a la Música. ¡Que ella guarde mis restos, como para ella son todos mis amores!”.

Simultáneamente a esta formación de músico ejecutante -también es miembro de esa dinastía musical su hermana Josefina que llegó a dirigir a la Banda de Música “Santa Cecilia” y al Coro de Voces Blancas de la Iglesia-, aflora en él una precoz inspiración de compositor al escribir a los diez años el pasodoble Setelacse de rrotal -nombre leído al revés de la “Torre de Escaletes”, y que dedicaría años después a su hermano José con motivo de su enlace matrimonial- en la misma embarcación a vela que lo transportaba y que interpretó acompañado de la Banda “Santa Cecilia” en el marco de la festividad de San Pedro en la Isla de Tabarca; para acto seguido componer tanto la letra como la música de ese bello canto religioso que es el Motete-Himno a la Virgen de Loreto, el cual dirigió Manuel Quislant un 8 de septiembre de 1885, día de la celebración de la Patrona de Santa Pola, en su Ermita-Capilla al frente de la Banda de Música y el Coro parroquial. Más a estas composiciones sucederían otras que son estrenadas en los conciertos del año 1894 de la “Santa Cecilia” en “ La Glorieta” bajo la batuta de su hermano José: buena muestra son las denominadas El Diputad (Pasodoble), Angelito (Schotis de cornetín), Anar per llana (Sinfonía), Fraternidad (Mazurca de concierto), Vicentet (Pasodoble), Lloret (Vals) o Escaletes (Pequeña polca). Coronando este inicial período creativo en su villa de origen la zarzuelita Santa Pola, ahir, hui i demà, una revista del género valenciano en un acto y cuatro cuadros de sabor costumbrista y marinero, cuya autoría de la letra se debe al médico y periodista Antonio Erades Mas, y que fue dada a conocer el 26 de octubre de 1889 -su reposición la llevó a cabo en 1999 el “Espai de Teatre” y la Banda “Unión Musical” bajo la dirección respectiva de José Torres Andreu y José Jaime Sempere Linares- en su primera representación a cargo del hermano del compositor, Ángel, conduciendo a la Banda “Santa Cecilia” y al Grupo de actores líricos aficionados en el Teatro Principal de la Villa, más tarde rotulado “Chapí” en honor a este célebre compositor de Villena, quien hizo presencia en el año 1905 a invitación de la soprano Felisa Lázaro en este escenario teatral santapolero.
Ya en su etapa madrileña, será Ruperto Chapí el “maestro y protector” de Quislant -quien nos expresa “Salí de Santa Pola muy niño y muy pobre… En Madrid, donde tantos valores positivos fracasaron, me hice hombre y hasta logré un modesto nombre entre los compositores…”-, el cual marcha a la “Villa y Corte” gracias al mecenazgo de don Manuel García Puig, pianista y apasionado de la Ópera, que le proporciona la entrada para un concierto en el Teatro Real, y le anima a ingresar en el Real Conservatorio de Música y Declamación en 1890 -el mismo año que se examina de Solfeo y Violín en el Conservatorio de Alicante-, estudiando con excelentes calificaciones la Armonía -asignatura por la que obtiene el Primer Premio-, Contrapunto y Fuga con Tomás Fernández Grajal y Composición con Emilio Serrano; y forjando su formación mediante una Pensión del Ministerio de Fomento en 1895 para Ayuda de Estudio de los Alumnos de Composición junto al Maestro José Serrano, autor del Himno a Valencia. Chapí supervisa sus ejercicios musicales en uno de los entreactos del ensayo en el Teatro “Apolo” de su obra El Tambor de Granaderos, y al admirar las dotes de Quislant con su impecable grafía le nombra jefe de Copistería y Archivo de la Sociedad de Autores Españoles.

Estos fueron los pasos que nuestro sobresaliente compositor de notorio talento daría para emprender su brillante carrera y al estrenar el 28 de junio de 1901 en aquel mismo teatro de la capital de España su zarzuela más afamada del llamado “Género chico” en un acto y tres cuadros: Doloretes, boceto lírico dramático de costumbres alicantinas escrito juntamente con el compositor Amadeo Vives y el comediógrafo Carlos Arniches. Sus derechos de recaudación harían firme la base económica de la Sociedad de Autores Españoles que fundaría Chapí ayudado, además de Quislant, por otro novel compositor, Tomás Barrera, y el autor dramático Sinesio Delgado.
A este clamoroso éxito, se suman los de demás composiciones líricas del Maestro Quislant -aunque Doloretes pasaría al repertorio vivo-, que cuenta en su producción con alrededor de 300 obras, además del “Género chico” -zarzuela menor en un acto-, para banda -la más conocida es “Amapola”, un capricho gitano sinfónico que dedica en su madurez el compositor a Santa Pola y que estrena la segunda Banda de Música “Santa Cecilia” dirigida por él mismo el 7 de diciembre de 1941, día del homenaje tributado al ser proclamado Hijo Predilecto por el Ayuntamiento-, coro -el mencionado Motete-Himno a la Virgen de Loreto-, canto y piano, piano solo, y armonizaciones y transcripciones -como significa el original e inédito cancionero bajo el título Cantos alicantinos, entre los que incluye canciones y danzas populares de Santa Pola-. Destaquemos de sus creaciones del “Género chico” más representativas, aparte de Doloretes, La Alegría de España, Amor y flores, A pie y sin dinero, ¡Centinela…alerta!, La Copla gitana, De Miraflores…y a prueba, ¡Eche usted señoras!, En busca de los novios, La Hermana Piedad, Machaquito o el gato negro, Madrid a oscuras o la villa triste y escacharrada, María Jesús -dedicada a su hija tras el éxito de su estreno-, La Mary Tornes, El Millón de pesos, Modistillas y perdigones, El Monaguillo de las Descalzas, El Querer de una gitana, El Quinqué de Petronilo, La Romería del odio, Las sagradas bayaderas, La Señora Barba Azul, El Torbellino, Las Tres cosas de Jerez, La Venus moderna, o ¡Viva la niña, o El Descuaje de los inocentes!, representadas asimismo en los escenarios teatrales madrileños teniendo nuestro compositor a renombrados colaboradores musicales como Miguel Asensi, Pedro Badía, Tomás Barrera, Arturo Escobar, Pascual Marquina, José Padilla, Manuel Rivas, Modesto Romero, Arturo Saco del Valle, Cayo Vela o Amadeo Vives.

A través de sucintos trazos, he hecho una síntesis de la trayectoria artístico-musical de Manuel Quislant Botella en reconocimiento a su fecunda labor y en homenaje en este año en que acaece el 150 aniversario de su nacimiento y el octogésimo como Hijo Predilecto de Santa Pola; y al que se debe ofrendar otros conmemorando la efeméride plasmados en conciertos y publicaciones biográfico-musicales.

Este artículo ha sido escrito por Emiliano García Alcázar. Recuperador y difusor desde el año 1991 del Legado musical del compositor, conservado en el Fondo “Manuel Quislant” del Archivo Municipal de Santa Pola.

 

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