LITERATURA
 

Doce pecados del alma asaltados por la pluma de Cristina Pernas

 
Viernes 7 de julio de 2017 0 comentarios
 

Segundo capítulo, dijéramos así, de Las Lunas de Rona. Si en la primera parte se tenía muy en cuenta las fases lunares y lo que contaba cada una de ellas (además de las nuevas tecnologías), en ésta nos centramos en otro tema de pulso también esotérico: “dos partes que conforman un todo, con otro hilo conductor, que son los pecados. Cada capítulo se focaliza en uno: la soberbia, la ceguera, la envidia, los celos. Cambiamos, quizás, un poco de pretexto”.
Se mantiene la protagonista, pero se profundiza más en el desarrollo de los personajes. Cristina Pernas, autora de las Lunas de Rona y su continuación, asevera que “se trata de una obra colmena, a decir verdad. Rona es el pretexto para poder hablar del resto”. Sus personajes, aunque diferenciados y con sus propias aristas, sigue ofreciendo arquetipos en los que el lector se puede ver reflejado.
“Rona dos”, como denomina la escritora a su obra, “dibuja un universo femenino mucho más completo que el primero”. Si en el inicial ya se daban distintos perfiles, “en el segundo, muchísimo más. Tienes todas las edades. Situaciones muy distintas. Hablamos de pérdidas, hablamos de dolor, hablamos de mentiras… yo me emocioné al corregirlo, y eso que lo he escrito yo”.
Confiesa que se “dejó llevar” mucho más que en la primera parte, “tal vez porque los personajes estaban más perfilados y el universo era más completo. De hecho, escribí las dos partes en una (es una novela de 600 páginas que partí en dos) porque no podía dejar de escribir, estaba enganchada a la historia”.
Muerte, pérdida, dolor, ¿por qué Pernas siempre se apoya en lo negativo? ¿La necesidad de catarsis?. “Creo que es porque necesitamos tocar fondo para valorar lo que tenemos y reconocer nuestros errores. Nos equivocamos sin saber y, en el caso de Rona 2, las redes sociales llevan a los personajes personas del pasado que cambian su vida”.
Ese pasado que llama se configura como un choque de trenes, “que te lleva a pasarlo mal, pero también a aprender. No es todo negativo, pues sale de ahí amor, amistad, pero la confrontación inicial es dura”.
A través de ese repaso a las redes sociales del primer tomo se tiende un puente al segundo, “porque creo que aún no hemos aprendido. Nos queda mucho camino por delante”. Cristina Pernas es de la opinión de que hemos inventado una máquina para viajar a la velocidad de la luz, pero no supiéramos manejarla. “Las redes, internet, nos cambia la visión del espacio y el tiempo. Antes, si querías comunicar una noticia a tu familia, te esperabas a volver a casa. Ahora es al instante, con los móviles. Veo, incluso, gente que radia su vida personal. Algo tremendo”.
Usamos y abusamos y en Rona se ve un poco este perfil. Como toda novela, el punto autobiográfico no se desdeña, “porque he podido rescatar a través de Facebook a familiares o personas que han desaparecido de mi vida”. El problema viene cuando éstos “remueven tu mundo”.
Ese radiar, ese abusar, ese hecho de estar permanentemente conectados es para Pernas un símbolo de alienación social. “Conozco personas que, si suben una foto y no reciben me gusta, se sienten mal. Al otro lado del terminal hay otro teléfono. Nos queremos diferenciar, pero produce todo lo contrario”. Alguien con una vida plena, llena, debe de sentir cierta indiferencia hacia las redes, “porque no buscas la aprobación. A veces parece que tienes que enseñar qué has hecho, comprado, comido. Tiene un punto exhibicionista y, a una persona insegura, le puede hacer mucho daño, porque hay muchos troll. Sin venir a cuento, recibes comentarios duros y mucho más crueles que en el tú a tú”.
Estamos condenados a vivir dentro de un espacio digital, y queda mucho hasta llegar al punto de inflexión, “pero ten en cuenta que internet es ecológicamente insostenible. Se ha mercantilizado porque es una gran vía comercial. Tiene cosas buenas, también, porque ofrece horizontes inmensos”. El truco, por tanto, es encontrar el término medio y no resignarnos a vivir dentro o fuera, “porque ofrece oportunidades muy buenas, como conocer gente de California o hablar con otros escritores que, sin el medio digital, sería imposible”.

 

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