Fue mecánico en barcos dedicados a los calamares durante 25 años, trabajó casi 40 años vinculado al Ayuntamiento y llegó al Club Náutico Santa Pola en 1987
J.A. ÁLVAREZ | 31/07/2026.-
Se dice de una persona versátil que es capaz de asumir diferentes roles, adaptarse a distintas funciones y resolver problemas en muchos ámbitos. Francisco Martínez Baile “Paco” encaja en esa definición con naturalidad.
Nació en Santa Pola, en la calle Marqués de Molins, fue al mar durante 25 años, trabajó otro año en Alemania, pasó casi 40 años vinculado al Ayuntamiento, fue timonel de faluchos masculinos y femeninos, forma parte de la Rondalla El Castell y participa activamente en la Semana Santa y en las Fiestas Patronales.

Paco es un todoterreno sencillo, abierto, dinámico y lleno de vida. Un santapolero de esos que han hecho pueblo desde la discreción, el trabajo y la constancia.

¿Cómo fueron sus primeros años de vida?
—Nací en Santa Pola, en la casa familiar de la calle Marqués de Molins, 2, y luego, en la calle Calamar, 30, hice mi casa.
¿Dónde hizo la primaria?
—La verdad es que no me gustaba estudiar y recorrí el Colegio de las Monjas, el Pósito, Doña Antoñita, Don Eugenio y hasta dentro del Castillo.
¿Tuvo que ir al mar?
—Sí, era la salida laboral. Estuve 25 años como mecánico de La Chuta, Sunti Mari y Pez Juárez (tenía la base en Torrevieja) y, en el año 1971, me fui a Alemania y, junto a cuatro santapoleros, trabajamos un año en los mares de allí. En total, fui 25 años a los calamares.
¿Dónde continuó su vida laboral?
—Estuve casi 40 años de servicio en el Ayuntamiento. Entré en Urbaser cuando todavía no era del Ayuntamiento, luego fui controlador del mercadillo y trabajé en Servicios Generales.
¿Practicó algún deporte en su juventud?
—No, no me interesaba ninguna actividad deportiva hasta que, en el año 1987, llegué al Club Náutico Santa Pola invitado por José Manuel Muñoz Vázquez y Francisco Bonmatí Lucerga.
¿Qué tareas desarrolló en el club?
—Comencé llevando aprendices y cadetes y, cuando se jubiló Luis Mariscal, tomé el sénior masculino y las féminas.
¿Cómo define la tarea de un timonel?
—Te diré que el remo es un deporte con mucha coordinación y es el segundo deporte, detrás de la natación, en el que más músculos trabajan. El falucho lleva un remero marca, un contramarca, el segundo a babor y a estribor, el tercero a babor y estribor, el cuarto a babor y el proel. El timonel gobierna la dirección del barco mediante el timón. Su función es mantener el rumbo correcto, reaccionar al viento y a las olas, tomar decisiones tácticas, dirigir a los remeros para ganar velocidad y corregir errores, y efectuar curvas y ciabogas (vueltas de 180º) para cambiar el sentido de la marcha.
¿Cómo era el ambiente del remo en aquellos años?
—Era formidable. Niños y niñas se acercaban cada día a aprender a remar. Había competiciones internas del club, intercolegiales y Liga Regional de Faluchos, con equipos de la Universidad de Alicante, Dénia, Gandía, Universidad Politécnica de Valencia, Torrevieja, Benidorm, Campello, Altea, Villajoyosa, Cullera, Oliva, Burriana, S.C.D. Marina y hasta un equipo de Águilas, Murcia. Fue un período de crecimiento extraordinario, desde 1987 hasta 1992.
¿Cómo se captaba a los jóvenes para los deportes náuticos?
—Debo reconocer un trabajo notable de logística del club, ya que se visitaban todos los colegios e institutos de la localidad explicándoles a los chavales cada modalidad a la que podían acceder. Recuerdo que, en el año 1990, el club captó 119 niños para remo, 72 en vela y 49 en piragua. Los monitores de remo fuimos Pascual Pomares Bonmatí y yo; en vela, Rafael Mora Martínez y Belén Cordobés Fernández; y en piragua, Carlos Romero Albert.
¿Había regatas con colaboradores comerciales?
—Sí. Los trofeos Astilleros Doqueve y Miguel Cuervo Arango. Una muy interesante era el Trofeo Fincas Quesada, auspiciado por una inmobiliaria local. También El Corte Inglés aportaba sus trofeos a los Campeonatos Autonómicos y luego Iberdrola auspició la Liga Autonómica de Faluchos durante varias temporadas.
¿Qué condiciones generales tiene que tener un remero?
—Además de sus condiciones físicas, debe poseer mucha voluntad. Es difícil, luego de una jornada de trabajo, sentarse en un falucho y remar hora y media o dos. Pero debo decir que los chicos y chicas que pude dirigir eran muy disciplinados, cumplían los entrenamientos y mejoraban regata a regata. Y también debo destacar la figura del líder, que tenía gran ascendencia en el grupo. Recuerdo a Josman: era marca y un líder nato.
¿Qué diferencias aprecia entre el falucho de antaño y el de ahora?
—Las diferencias son muy notorias. El falucho de antes era un bote de 370 kilos, con 8 metros de proa a popa y con pesados remos de madera. El bote de hoy pesa menos y los remos son de fibra de carbono, mucho más livianos que los de antaño.
Cambio de tercio. ¿Cómo llega al mundo de la música?
—Siempre me ha gustado la música en todos sus ritmos. Hace 25 años me incorporé a la Rondalla El Castell, dirigida entonces por Ángel Alfosea. Empecé tocando la guitarra y ahora aporto mi voz. Con la Rondalla hemos llevado el nombre de Santa Pola a innumerables pueblos y ciudades de la provincia de Alicante y somos un grupo de amigos que seguimos disfrutando con la música.
¿También participa en Semana Santa y en Fiestas Patronales?
—Así es. En Semana Santa soy capataz del Cristo de la Agonía Cruz del Mar y en las Fiestas Patronales tomé parte de la Comparsa Jaume I. Hace más de 20 años que participo en ambas festividades y continuaré mientras el cuerpo aguante.
Paco ha dejado tanta huella por donde anduvo que un grupo de remeras le escribió un poema que comienza así:
«Una fuerte mano se aferra a la caña
el timón gira a babor y a estribor
su intensa mirada nos guía al mañana
por sus cejas cae el amargo sudor.
Esto no impide que su voz nos anime
el próximo largo debe ser mejor
sin importar nada su boca sonríe
solo con mirarle acopiamos valor».
Pues eso, un personaje digno de conocer, un santapolero de pro.








